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  Bienestar y Ciencia
Edición nº11

OPINIÓN / SALUD
hombres y mujeres ¿somos iguales?
Autor: Mª José Hernández Ortiz  |  Publicado en: Enero de 2009

 

La Iglesia nos negó el alma, la Revolución Francesa nos negó los derechos de ciudadanía y las religiones se empeñaron y aún se empeñan, en ocultarnos y reducirnos al ámbito doméstico y de servicio a los hombres.

A pesar de eso las mujeres han conquistado sus derechos como personas y ciudadanas, gracias al movimiento feminista que desde hace algo más de 150 años lleva, a través de millares de manos y pequeños pasos, a lo que hoy se reconoce como la revolución pacífica más importante de la historia de la humanidad, la de poner a las mujeres en el lugar que les corresponde como seres humanos. Aunque con deficiencias que siguen haciendo trabajar a las feministas, casi todo el mundo occidental estaría de acuerdo en que las mujeres han alcanzado un estatus que las equipara a los hombres. Derechos como humanas, derechos como ciudadanas, derecho a un trabajo remunerado, derecho... en fin, a ser consideradas iguales en relación con los hombres.
Tanta lucha por la igualdad, ha provocado, sin embargo, una cierta confusión general. Sí, somos iguales en cuanto a derechos, pero nuestra fisiología nos hace diferentes a los hombres. Esta diferencia no ha sido valorada por la medicina tradicional que durante años ha considerado el cuerpo del hombre como un estándar del que se podían extrapolar datos para tratar a las mujeres. Si el prototipo, un varón blanco de 70 Kg. de peso, complexión fuerte y edad media, necesita tal cantidad de un fármaco o tiene tal medida en los valores de la sangre, podemos aplicar una regla de 3 para hallar lo que una mujer de cualquier peso o edad necesita o debería tener como valores en sangre.

Esto ha llevado a un desconocimiento importante de la fisiología femenina, ausencia de investigación en sus patologías específicas, de su diferente forma de enfermar y a que la mayoría de las enfermedades que afectan a la mujer, no hayan sido estudiadas con el mismo rigor que las de los varones.

¡Viva la diferencia!

Nuestras diferencias comienzan en el mismo momento de la concepción ya que la carga de cromosomas que reciben unos y otras es diferente:

Un cromosoma Y para ellos y uno X para ellas.

El cromosoma Y:

Más frágil, hace que los concebidos varones lleven mayor tasa de fallos genéticos y también que mueran con más frecuencia durante el periodo perinatal. Como todo el mundo puede observar el desarrollo de niños y niñas es diferente, siendo mayores las habilidades relacionadas con el lenguaje en niñas y la precisión en los niños. Existen diferencias en los órganos de los sentidos: oímos y vemos mejor, en la tolerancia al dolor agudo, en la masa muscular, en la proporción de grasa corporal que al ser mayor nos hace más susceptibles a los contaminantes ambientales, etc. La esperanza de vida de ambos sexos también es diferente, pudiéndose concluir que las mujeres viven mas tiempo, pero con peor salud que los hombres. ¿A que es debido esto?

Enfermamos diferente

Desde el punto de vista de la patología, en general enfermamos más. Existen diferencias biológicas en la manifestación de los síntomas, un metabolismo diferente de los fármacos y diferentes problemas de salud relacionados con la contaminación del medio ambiente y de los lugares de trabajo. Según la Dra. Carme Valls, directora del Caps, la diferente fisiología hace que la mujer necesite ingerir el triple de hierro que los hombres, que las enfermedades autoinmunes sean más frecuentes, que la depresión y los trastornos de ansiedad se diagnostiquen con mayor frecuencia, que haya mayor incidencia de anorexia y bulimia, diferente respuesta al alcohol, más frecuentemente angina inestable, mayor prevalencia de osteoporosis y osteo artritis, mayores problemas con la vitamina D. La reciente introducción de los estudios de género, propulsados por grupos de mujeres por la salud, están arrojando resultados muy reveladores sobre las diferencias. En este sentido ya ha sido demostrado estadísticamente, lo que se llevaba tiempo denunciando por parte de organizaciones feministas como el CAPS, que en España las mujeres que sufren patología coronaria al presentar síntomas diferentes a los varones, son diagnosticadas con mucha más tardanza que los hombres y tienen mas probabilidades de ser tratadas con antidepresivos o ansiolíticos, como si sufrieran un problema psicosomático.

La inequidad del sistema sanitario

La falta de una visión integradora del sistema médico ha creado otras inequidades con respecto a la salud de las mujeres. Un concepto de salud integral debería incluir aspectos somáticos, sociales, sexuales, vivencias internas y condiciones materiales del entorno. En el caso de las mujeres sería importante encuadrar muchas de las patologías dentro del marco social en el que vive. No podemos olvidar, que a pesar de la igualdad de derechos que hablábamos al principio, la violencia de género todavía es una una plaga en nuestra sociedad o que la pobreza y sus consecuencias sobre la salud, sigue golpeando con más fuerza entre las mujeres. Además la ciencia con su misoginia ciega se ha encargado de interpretar las diferencias como inferioridades femeninas, sin tener en cuenta las condiciones de vida, la sobrecarga física , emocional y el papel de cuidadoras. Solo se investiga sobre salud reproductiva lo que en realidad ha llevado a una intromisión inadmisible en los procesos fisiológicos de la mujer: regla, embarazo, parto, menopausia, etc.

Ni una pastilla sin enfermedad

La sanidad que tenemos está contaminada, según Nati Povedano, médica homeópata, la salud se ha convertido en un negocio.

La industria farmacéutica (uno de los negocios mas florecientes del mundo) ha pactado (o comprado) con gobiernos, profesionales de la salud, comunidades científicas y medios de comunicación para crear una imagen fantástica de que todo lo que ocurren en nuestros cuerpos se puede reparar tomando una píldora.

Además, si hasta ahora eran los médicos los que tenían el monopolio de poner la etiqueta de enfermo, cada vez más están siendo mediatizados y condicionados por la industria farmacéutica que por medio de la financiación de forma directa a profesionales de la medicina o esponsorizando investigaciones y comités científicos. Se dedican a definir o redefinir problemas de salud y a modificar los valores de normalidad en sangre, sirvan como ejemplos la medicalización de la calvicie, la timidez, la falta de libido, la menopausia o el tratamiento del colesterol o la osteoporosis.
La promoción de la enfermedad o “disease mongering” según término acuñado por la periodista Lynn Payer en 1992, ha tenido y tiene en las mujeres un mercado que es valorado como inagotable. La medicalización de los procesos naturales o fi- siológicos, como la menopausia, ha dado lugar a que se haya llegado a medicar con terapia hormonal sustitutoría (TSH) a un porcentaje altísimo de mujeres sanas, hasta que aparecieron los estudios de la Women´s Health Initiative en 1992, que indicaban sus riesgos e inadecuación.

Es relevante señalar que en relación con el hecho de que las mujeres dejaran de tomar masivamente la TSH, se ha registrado un descenso en la incidencia del cáncer de mama en California y en Australia, que de acuerdo con los investigadores, no puede ser explicado por ninguna otra causa.

A pesar de haber provocado esta epidemia, son persistentes en la persecución de sus intereses y asistimos en este momento a un nuevo recrudecimiento en la ofensiva de la medicalización. La SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia), que el pasado Octubre celebraba su Congreso Anual sobre la Menopausia en Palma, en su documento consensuado sobre la THS, hacen afirmaciones que contradicen flagrantemente las declaraciones de la Agencia Española del Medicamento. Por supuesto el Congreso de menopausia estaba esponsorizado por las Compañías Farmacéuticas que venden la THS.

Las mujeres quieren que las dejen en paz

En Adibs, (Asociación de Dones de las Illes Balears per la Salud), un grupo de mujeres que trabajamos promoviendo un concepto de salud integral para las mujeres de Baleares, entendemos que salud, al igual que la enfermedad, es un proceso donde intervienen la biografía personal (pasado, experiencias vitales, antecedentes familiares, educación, cultura), un proyecto de vida (como vemos nuestro futuro, expectativas de vida, miedo a la enfermedad, la pobreza o a no ser capaz) como vivimos el día a día (la actividad cotidiana, el estrés, la alimentación, el ejercicio físico), las relaciones con los demás (laborales, afectivas, sexuales) y cuanto me aporta y me identifico con lo que hago.

Pensamos también que solo a partir de conocer las diferencias desde una perspectiva científica en toda su profundidad y trascendencia, las interrelaciones de la diferente fisiología y sus enfermedades prevalentes, se puede aplicar una prevención y tratamiento adecuados a la morbilidad diferente de las mujeres. Y que la atención sanitaria si quiere se de calidad, necesariamente debe tener en cuenta un enfoque biopsicosocial.

Este es el caso de nuestra lucha histórica por conseguir que la mujer con cáncer de mama en nuestra comunidad sea tratada en todos los aspectos que esta patología implica, en una ventanilla única de una Unidad de Mama dotada de un equipo multidisciplinar de especialistas en esa patología. Y por supuesto trabajamos activamente en contra de la medicalización de la vida de las mujeres porque queremos que nos dejen en paz.

En este sentido está nuestro esfuerzo por informar a padres y madres de lo que se ha considerado la campaña del “marke- ting del miedo” para implantar la vacuna contra el VPH y hemos promovido junto con otros grupos de mujeres y profesionales de la salud, la petición de una moratoria para su aplicación en lo que nos parece (junto con otras más de 7000 personas que han firmado la moratoria) un experimento masivo con la salud de las niñas.

En definitiva, solamente llegaremos a ser del todo iguales cuando se aprendan a valorar las diferencias.

 

Bibliografía
Revista Mujeres y Salud (MYS) Editado por el
Caps. Barcelona
Ponencias del Seminario de Autoformación
de la Red Caps
http://www.caps.pangea.org/


Texto:
Dra. Mª José Hernández Ortiz.
Presidenta de Adibs.
adibsfeminista@gmail.com


*Para firmar la petición de moratoria para la aplicación de la vacuna contra el VPH: www.caps.pangea.org/declaracion



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