Selección de poemas Grupo Texturas

Siempre han existido escuelas (“Conjunto de caracteres comunes que en literatura y en arte distinguen de las demás las obras de una época, región, etc.”). No solo en las artes, sino en la filosofía, en la psicología, en la medicina…

El Grupo Texturas no pretende proceder de una escuela determinada aunque, lógicamente, podría encuadrársele en términos muy generales como “Poesía castellana de fin de siglo XX e inicios del XXI”

Pero esto no indica más que una ubicación cronológica y la adopción de un mismo idioma. En el Grupo Texturas, todo lo demás es pura (y bendita) diversidad.

En sus ocho integrantes, hay analogías más o menos lejanas, que los lectores serán los primeros en advertir. Pero, sobre todo, diversidad, gran diversidad en el enfoque de la vida, en la elaboración del acto poético, en los objetivos estéticos que se marcan, en la utilización de vocabularios diferentes, en la forma particular de cada uno de sentirse poeta.

Porque la poesía, siendo una, es infinita, es múltiple, es irreducible a una única concepción, es indefinible. Veamos ocho poéticas, todas igualmente adscritas a ese denominador común de la búsqueda de la belleza.

En J. J. M. Ferreiro nos encontramos con una exaltación de la metáfora, la cual domina todo su quehacer poético. En él, los símbolos adquieren un sonoro hermetismo que se deshace en la inmensidad del poema. Sus metáforas tienen vida propia e impresionante originalidad:

Hay una impalpable arena en el olvido,
donde residen todas las cosas fragmentarias:
el cuero de unos ojos,
             espejos diluidos,
                         aves sin tránsito…

 

En Sara Castelar Lorca, la poesía se sublima en imágenes evocadoras de una extraordinaria delicadeza, y entre ellas, entre tanta y tanta imagen insospechada, aparece, de vez en vez el aserto filosófico, fruto de una madurez intelectual y poética:

 

Qué generosidad la del olvido
que nunca se recuerda tristemente.

 

En Alonso de Molina, la poesía unas veces cobra vuelos de vivaz gorrión, con sencillez de ángel, y otras, con densidad de gaviota, planea suavemente sobre concepciones poéticas profundamente humanas, propias del poeta que vive y siente y palpita:

 

En cada esquina crujen espantapájaros
mirando inciertos, sin saberse muertos,
la perversa sangría de las sucias trincheras
que veneran estatuas e hieren a sus ídolos

 

Rafel Calle es el poeta del ritmo y la densidad. Su poesía cobra siempre una profundidad que roza lo metafísico y que, decididamente, se adentra por los oscuros senderos de un lirismo que oscila entre el yo que es y el yo que sueña. Oscila entre el dolor y el amor, siempre contenidos en un vaso de excelencia:

 

Si bien no quiero ser cobijo de fantasmas, la mente ha de sufrir
de terrores nocturnos, en cuanto se me rinda el soñador amable
que perdura en el gen de mi lirismo.  

 

Jerónimo Muñoz no pudo hacer caso a la recomendación de Rilke: “Si puedes no escribir poesía, no la escribas”. Escribe y escribe, “malgré lui”, en ocasiones, narrativo, en otras, lírico, en algunas, disfrazado de metáforas crípticas, pero siempre intentando el amor universal:

 

Desde la orilla del mar puedo divisarte en la nube, acariciar
uno a uno los fragmentos de tu imagen fértil, besar
las escamas fulgentes de tu piel nocturna y fácil.

 

Benjamín León es el poeta de la palabra. Elige escrupulosamente su exquisito vocabulario hasta el punto de que cada sintagma, cada palabra casi, ubicada en su pulcro contexto, es ya, de por sí, un poema:

 

Un escondite gris huye despacio en la tiniebla; un cuerpo, un grito, un rayo de la sed,
queriendo ser futuro.

 

Luis Oroz es el poeta artífice. Engarza con delicadeza de joyero sus siempre novedosas imágenes y consigue, una y otra vez, sorprender y emocionar. De sus poemas brotan, como de dulces hontanares, ríos de poesía dotados de fuerza próvida  y auténtica personalidad:

 

Me importas demasiado…
es por eso que escribo y me transformo
en un acorde inútil de tu música.

 

Pilar Iglesias es una poeta que no solo emplea su talento sino, también su inteligencia. Su poesía adquiere la consistencia del pensamiento más profundo pero tiene el innegable don de conferir delicadeza y ternura a los temas más recónditos que su mente contempla:

 

¡Oh, sílex deslabiado
que alimentas sentencias de ventisca. Deja
tu azul de metileno
extramuros de la dársena que habito!

 

J. J. M. FERREIRO               Hoy he muerto

 

Hoy he muerto
y me acerco a la tierra recordando el presente;
la disciplina de la sombra
es sereno equilibrio.
La zozobra de la nada impregna la lluvia,
la libertad de un corazón sin prisa,
como un barco paciente ante el tedio oceánico.

Hoy he muerto
y ahora no recuerdo cosas para soñar.
Hay una impalpable arena en el olvido,
donde residen todas las cosas fragmentarias:
el cuero de unos ojos,
espejos diluidos,
aves sin tránsito…
Aquí
se abre el túnel;
la plomada del pensamiento atraviesa sus cauces
y cuelga la memoria su palabra ocelada;
su hálito se agita sin fulgor
…sus lánguidas ballenas
devorando la krill de los significados.

Hoy he muerto.
Qué aburrido este jueves por la tarde
en la eternidad de los signos
¿qué óxidos
corroerán sus bronces?

Hoy he muerto.
Tardía, encumbrada en el delirio,
se desnuda la carne
de sus huellas herméticas.

Duele esta pleamar de párpados abiertos.

 

SARA CASTELAR LORCA                      La sal

Ya tus ojos se escoran al recuerdo
como una mordedura a la certeza
de perfilar la llaga,
mujeres como barcos
mujeres como cieno
mujeres como anguilas
nombrándose en los surcos
que jamás se indultaron de memoria.

Y entonces el dolor fue poco
y se tiñó de rancio la amargura
y el amor fue un extraño rodando en las palabras
y en el inmenso duelo murió un ángel.

Qué generosidad la del olvido
que nunca se recuerda tristemente.

Tengo la espalda ciega
tan inmóvil que apenas me sostiene
la sombra en que se cubre,
terriblemente fría,
ya no basta la luz para abrigarme.

La tristeza es de sal
igual que las estatuas.

 

ALONSO DE MOLINA                   Entren sin llamar

Secos labios aquel amanecer vacío,
sin razón ni virtud, el infinito
desgarró calendarios vulnerando fronteras;
como la piedra que rompió las mentiras
tu silencio, carnal, profanó mi piel de negaciones.

En los tiempos inciertos de los torpes orillas
sus pezones besaba y la miel de su boca
inmiscuida en excesos reclamaba el tequila;
franco, pródigo clítoris que en las noches promiscuas
acaparaba orgasmos empapando el coraje;

no se acallan las voces de los recién nacidos;
sus lloros, verbos aclamados como cánticos
de lirios, amapolas asfixiadas, mordazas
sin juicio ni valor golpeando imprecisa la oración
que preclara se extiende como el agua.

En cada esquina crujen espantapájaros
mirando inciertos, sin saberse muertos,
la perversa sangría de las sucias trincheras
que veneran estatuas e hieren a sus ídolos

estallen, entren sin llamar

arrinconen las cosas que nadie les dijo,
atraviesen los vínculos de las pasiones,
rompan las fotos, exoneren sus recuerdos
y condenen también la historia

 

RAFEL CALLE                    Teoría de un soñador amable

Yo sé que mi genética se rinde
a manos de su parte soñadora, turbia fecundación
de un ensueño sin nombre que hipnotiza a la célula sensata.

Alba del organismo aventurero que invade la región de la cordura,
en un atroz combate con el núcleo objetivo que quiere equilibrar
lo que ve y lo que intuye que vendrá, en el fiel de la importancia.

En esa lid el aire enriquece momentos y entretiene neuronas
que no entienden lo oscuro, oxígeno venial que nutre a los románticos;
el pozo de la sed  que tienen las ideas, rendido el intelecto, antes de modelarlas.

Si bien no quiero ser cobijo de fantasmas, la mente ha de sufrir
de terrores nocturnos, en cuanto se me rinda el soñador amable
que perdura en el gen de mi lirismo.
Unida al sueño de vivir soñando,
seguramente morirá la tesis que fusiona el destino con el karma.

 

JERÓNIMO MUÑOZ                              PLAYAS

El mar se lanza  vehemente sobre las bocas sólidas

exhibiendo sus colmillos y sus cadenas quebradas.

 

Es entonces que te abrazo con más recelo, con más angustia,

y destruyo las estatuas que se acercan a gemir ofidios.

Es entonces que me abandono a la sabiduría infinita de tus cabellos,

que me deslizo impuro por el plano inclinado de tus uñas

saturándome de todas tus alas. Ah, tus espesores.

 

El mar, carente de naranjas, privado de ojos abiertos,

desdeñoso de cuanto ignora, es muerte terminada.

Es dilución del veneno eleático que te alimenta.

 

En la orilla del mar puedo morirte lentamente,

con precisión de mártir y náuseas de reptiles.

Morirte o descenderte en las espumas elementales.

 

Desde la orilla del mar puedo divisarte en la nube, acariciar

uno a uno los fragmentos de tu imagen fértil, besar

las escamas fulgentes de tu piel nocturna y fácil.

 

El mar avanza cruel, ávido de tus azahares y de mis hijos.

 

BENJAMÍN LEÓN                                           013

Ya pertenezco al frío y a la sombra.

Un escondite gris huye despacio en la tiniebla; un cuerpo, un grito, un rayo de la sed,
queriendo ser futuro.

¿En qué menguante rosa el tiempo escapa?

¿De qué metal las hondas luces caen, para ascender al nudo del quebranto?

El fuego abre su tropa en la espesura
mientras la noche lanza su ruido desatado.

Pájaros del intenso abrigo,
uvas recién formadas del amor.

Agua de luz tu cuerpo en los metales.

 

LUIS OROZ                                      DEPRESIÓN

Me importas demasiado…

es por eso que escribo y me transformo
en un acorde inútil de tu música.
No creas que te obligo a imaginarme
herido entre tus párpados,
es más bien tu dolor, como una hormiga,
que va arrastrando dudas 4 veces más grandes
para poder vivir
un invierno que nunca llegará.
Me importas demasiado…
y aunque no te conozco, soy el único
que no se va a asombrar cuando sonrías.

Porque todo tu cuerpo es una boca
esperando besar mi pensamiento.

 

PILAR IGLESIAS DE LA TORRE                QUISIERA NO APURAR EL CÁLIZ

Alguien dijo
en la ignorancia del peso inmarcesible,
espiral como catálogo, en clave de adjetivos….y
sin embargo,
esas cualidades, condena tatuada
en la frágil estampa de mi cuerpo. Quisiera
no apurar el cáliz
y dejar la primavera a su albedrío…..Pero
arde
la conciencia
en zarza inagotable.
Gasté
todas las preguntas y ancianos son
mis pensamientos.
De un rocío encanecido que derrumba
el párpado más osado del jardín.

¡Oh, sílex deslabiado
que alimentas sentencias de ventisca. Deja
tu azul de metileno
extramuros de la dársena que habito!
¿Cómo llegar
al fondo de tu prisma
contándote el eslabón de mi muñeca?

No, no es miedo. Es
la derrota
de las capas del vestido…..souvenir ajado
de mí misma
sobre aquel comienzo ya tan lejos…….Detalle egipcio
para un jeroglífico irresoluble.