Un poema de Guillermo Cumar

En la foto, una reunión en Málaga en julio de 2008, en los inicios de Alaire. Paco, Consuelo, Benjamín, Blanca, Sara, Amparo, Alonso, Ana, Julio, Rosario, Rafel, Ferreiro y Paco. 

 

Compañeros del foro, compañeros
que vais alimentando el sentir que la poesía clama
tan a la par que no se dobla ni consiente;
tan a la vez que no rechaza
ni el buen sentir ni el aderezo.
Yo sé que estáis aquí, y no presuntos
sino sintiendo realidades.
El ámbito de la buena intención nos acompañe siempre
para subir el ánimo que trae la tempestad
y doblegar la ruina de la desconocida imagen
que ni se reconoce ni se adapta.
Qué más quisiera yo que poner flores
en el lugar más íntimo que a diario me pide
quien me inspira, me llama y resplandece.
Si supiera ponerle acento a la palabra
y le diera el vigor y fortaleza al verso,
con qué satisfacción se lo ofreciera
al personaje adicto y lleno del antojo
que el capricho hoy no me reconoce
ni me despierta a gusto.

Compañeros de Alaire, compañeros
os pido comprensión por la ofensiva
y manifiesta desazón que me acompaña;
por no reconocer que sois el lustre y el sosiego
que el verso necesita al ser reconocido
Posáis en el visor de la palabra
con ánimo escritor y fuerza de lectores.
Os bulle dentro la inquietud y la mejora.

Por todo lo que he puesto en estos versos,
por todo lo que escondo y despilfarro.
Por todo el desconcierto que me excita
pretendo que me sirva a mí el maestro
que sois todos.

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